Abstinencia por amor

27 noviembre, 2018

Si haces las cosas por amor, las haces pensando en lo que sí quieres. Por ejemplo: si no consumes porque quieres una vida mejor, quieres tener salud, quieres tener familia, quieres ser alguien de provecho…

Me gustaría compartir cómo fue la abstinencia para mí. Los problemas que me ha dado, los beneficios que me ha dado, cómo he reaccionado con las situaciones, la diferencia de antes a ahora…

Es curioso, pero tengo más recuerdos malos de abstinencia con alcohol que con cocaína.

En mi caso, necesité dejar de beber alcohol para dejar de consumir cocaína. La abstinencia la llevaba más o menos con la cocaína, pero era coger una copa, después venía una segunda y ya no había quien me parara. Los días que conseguía no consumir cocaína bebiendo, fueron unos cuantos (lo cual me hacía pensar la falsa sensación de que controlaba) pero si no había recaída, había habido muchas ganas. Que eso es como consumir, desde mi punto de vista. Es como si estás en pareja y tienes muchas, muchas ganas de irte con otra (pero de verdad). Aunque finalmente no te vayas con ella, algo falla.

Cuento esto porque mi abstinencia con la cocaína ha ido de la mano con el alcohol. Te pido por favor que lo veas con humildad, que si tu problema es la cocaína y yo hablo de alcohol, no pienses que no va contigo. Es droga igual y el efecto es parecido. Voy a hablarte de mí y de mi experiencia y tú quédate para ti lo que te sirva.

No recuerdo un solo día en el que (yo) haya consumido coca sin beber alcohol. Así que la clave de mi éxito fue dejar de beber.

Como yo no lo consideraba un problema para mí, me jodía bastante. Me jodía mucho, mucho… pero mucho. Esto seguro que querría decir algo de mi enfermedad.

Pero como tenía un compromiso de 10 con Mónica y el centro, acepté a tomar el Antabús y dejar de beber. Pero lo hice porque me lo pidieron, no porque yo quisiera.

Clave 1: haz las cosas porque quieras. Mentalízate o el riesgo de fallar es más grande.

Al principio me costó muchísimo, pero el Antabús me ayudó mucho. El saber que si bebo me podía hasta morir (según el prospecto), me ayudaba mucho. Pero yo lo pasaba mal, quería beber. Mis amigos bebían, me daban envidia, sufría… Recuerdo que un día hasta una camarera se descojonó de mí cuando mis amigos pidieron un barceló con coca-cola cada uno y yo pedí un batido de fresa. Me indigné tanto que me fui sin pagar.

Pero en realidad me indigné tanto porque no quería realmente dejar de hacerlo, tenía que hacerlo por salud, dinero, familia… pero si me ofreces un contrato de que yo podría consumir sin consecuencias, en ese mismo instante lo hacía sin dudarlo.

Me movía por el miedo, no por el amor.

Clave 2: Haz las cosas por amor, no por miedo.

Esto, al principio, me hacía gracia. Menuda mariconada, moverte por amor, qué cursi.

Te lo explicaré de una manera más práctica, como me lo explicaron a mí cuando lo entendí:

Si haces las cosas por amor, las haces pensando en lo que sí quieres. Por ejemplo: si no consumes porque quieres una vida mejor, quieres tener salud, quieres tener familia, quieres ser alguien de provecho…

Si haces las cosas por miedo, lo haces pensando en lo que no quieres. Por ejemplo: no me quiero morir, no me quiero arruinar, no quiero perder el trabajo, no quiero perder a mi mujer…

Cuando yo lo hacía desde el miedo todo me molestaba, todo era un obstáculo. Los “amigos” se ríen de ti, te peleas en los bares con los camareros y te vacilan para invitarte a un chupito, incluso acabé mintiendo muchas veces diciendo que tenía que conducir. Me daba vergüenza decir que no bebía.

Cuando lo hacía desde el miedo, tenía recaídas (reales o pensadas), sufrimiento, dolor…

No podía tener éxito. Y eso, claro, me frustraba. Piensas que no puedes, que te supera, que es más fuerte que tú… Y si ya me odiaba, me odiaba un poquito más. Iba derechito a la vuelta al pozo.

Pero empecé a entender esto del amor. Esa palabra que tanto rechazo me daba porque era muy cursi. Trabajé el amor por mí y poco a poco me iba queriendo más y más. Me di cuenta, de que cuando consumía, era porque no me valoraba, no me veía válido, merecedor, valiente… Pero al empezar a quererme, a ver lo válido que era, que merecía todo, que podía hacer todo lo que quisiera… ya sé que esto último está muy tocado, pero es verdad, y si no piensa en lo válido que has sido para financiarte la adicción cuando la tenías. Vales mucho más de lo que imaginas. Y solo puedes entenderlo con amor.

Según me iba queriendo y valorando más, había cosas que no toleraba, como envenenarme, meterme alcohol al cuerpo, meterme sustancias químicas, tabaco etc…

Así que empecé, sin apenas darme cuenta, a hacerlo desde el amor. Desde el amor por mí.

Y empezaron los resultados reales. Dejé de salir de noche, de ir a ambientes que me hacían sufrir por la abstinencia, de estar solo en ciertos sitios, de dejar de salir con muchas “amistades”…

Esto era un precio que antes, cuando lo hacía desde el miedo, no estaba dispuesto a pagar. Encima de que no consumo, no voy a poder ni salir, ni ir con mi gente.

La  gente que te quiere lo respetará, te lo garantizo, y la que no te respete, es la que tienes que dejar rápido.

En definitiva, no puedes pretender cambiar algo tan grande, haciendo las mismas cosas que antes porque es cuestión de tiempo. Repito que hablo desde mi experiencia.

Hoy en día, más de 2 años después de mi último consumo y casi 2 años después de mi última copa, soy súper feliz, me veo muy fuerte, me veo válido, me quiero como nunca.

No te voy a engañar que de vez en cuando hay tentaciones, momentos críticos, algún momento de bajón que tu mente rápidamente se va a eso como una solución… hay que tener en cuenta que vamos a tener tentativas durante toda nuestra vida, falsas creencias como que, al llevar tiempo, puedes hacerlo porque controlas.

Pero la diferencia es que lo hacemos porque queremos, porque nos queremos. Porque somos mucho mas fuertes que esto, porque ya hemos tenido el valor de ir a pedir ayuda, porque ya hemos pasado por un buen trabajo que nos ha llevado a estar en este grupo, el principio de la abstinencia y habremos dicho que no algunas veces y, si en otras hemos caído y hemos dicho que sí, hemos aprendido que ni en esas, se puede decir que sí. Que nos decimos sí a nosotros y que ya no toleramos que una sustancia nos domine, nos arruine, nos haga perder a la familia, perdamos el trabajo, haga sufrir a todo nuestro entorno…

Clave 3: eres mucho más fuerte que la sustancia.

 

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